Mi historia con el Alano


Mi nombre es Raúl Marín y tengo que confesar que llevo el veneno de la caza con perros en la sangre desde que nací.

Mi afijo fue fijado con orgullo después de haber leído en «El Tratado de la Montería» del S.XV, que Fernando de Iranzo ya por aquel entonces cazaba con sus legendarios alanos, osos, jabalíes y venados en la Sierra de Segura, en la Fuente de la Higuera. El nombre de la pedanía donde me he criado y donde tengo mis raíces.

Además de los perros, llevamos una higüela toledana en mi cinturón y una daga venida de una antiquísima marroquinería en el cinturón de mi padre. Una escopeta del calibre 12 en el caso de mi padre y un rifle palanquero del calibre 444 en el de un servidor. La zona donde solemos cazar, por supuesto, está en pleno corazón del Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. Un monte muy sucio con mucho desnivel. Una zona muy jabalinera, pero donde también hay otras especies cinegéticas como el ciervo, gamo, muflón y cabra ibérica.

Un grande; mi padre y yo muchos años atrás. Siempre rodeados de perros


Los perros de «Fuente de la Higuera» siempre tuvieron cierta fama, mi padre se preocupó mucho de tener buenos perros, de cazarlos bastante y yo inevitable y orgullosamente he seguido sus pasos. Es curioso el no tener ningún recuerdo en el que no hubiera un perro de por medio…
Siempre hemos usado en casa nuestros nombres típicos como Sacha, Cuqui, Boby, Tigre, Estrella, Linda, Rambo, Ligero o Chula. Cuando por desgracia morían volvíamos a ponerles los mismos nombres a los que criábamos de nuevo.
Desde bien pequeño había escuchado en los viejos de mi aldea hablar de los alanos, pero no fue hasta el año 1996 cuando vi en una revista a unos perros de presa con unas cabezas braquicéfalas y ojos amarillos que me enamoraron. Aquellos eran los famosos alanos españoles. Empecé a interesarme por la raza y a indagar sobre ella. Puesto que era muy joven y no disponía de una economía que lo permitiese, me tenía que conformar con libros, revistas y aquel famoso foro del alano en el que había más sinvergüenzas y peleas, que perros.
Todos los días le daba mil vueltas a la sección de anuncios de revistas de perros y caza, por Internet buscando cachorros económicos que me pudiese permitir, cosa que era bastante improbable.
Hasta que un día, hará unos 19 años, encontré un anuncio de un matrimonio de Gijón que regalaba un Alano por haber sido padres recientemente. «Sur» se llamaba el can, en honor a la tierra que lo había visto nacer; Andalucía. Tenía incluso pedigrí y a los pocos días estaba en mi casa. «Sur» tenía un año y medio, nunca había cazado pero aún así empecé a llevarlo con los otros. El can enseguida comenzó el aprendizaje y probó la sangre. No resultó espectacular, pero fue bastante bueno.

Los perros en casa estaban las 24 horas sueltos, y aún tengo en mi mente una imagen en la cual iba con un viejo tractor y los perros a mi lado. Había un mulo suelto y salío el alano corriendo hacia él cómo una flecha. Para cuando llegué estaba el equino en el suelo y el alano prendido a él como una campana. Igualmente recuerdo que me costó mucho quitárselo de encima al pobre animal. Después de un tiempo compré en el norte una perra que supuestamente era Alano, pero cuando la perra llegó no se parecía en nada a estos. Me quejé y me dijeron que no era de esta raza sino que era un Villano de las Encartaciones. Cuando creció tenía más pinta de pastor que de otra cosa, un poco atigrada pero se parecía demasiado a un Pastor Belga. Ese fue mi primer desengaño con el mundo del Alano. La perra iba muy bien para cazar pero no era un Alano.

Los años pasaron y tanto mi padre como yo seguimos cazando con nuestros perros, como de costumbre. En éste menester y a causa de la exposición de los perros al peligro, desgraciadamente siempre había bajas, pero debíamos seguir seleccionando y criando para reponer el equipo. Pero eran malos tiempos y no podía gastarme 50.000 pesetas en un cachorro, me tenía que conformar con lo que tenía. Mi empeño no cesaba, y seguía buscando día tras día a ver si encontraba algo decente y a un precio que me pudiese permitir. Como decía al principio, este veneno lo tengo metido en la sangre desde bien joven…

Cuando los guarros acabaron con la vida del «Sur» y de la “villana”, y la economía mejoró, encontré una línea que me gustó. Vi los perros funcionar en el campo y compré varios. Así empecé a criar para no perder las sangres debido a la peligrosidad y al riesgo que tienen estos animales con el jabalí.
Poco después empezaron mis viajes de una punta a otra del país buscando los mejores machos para mis perras, pero de igual modo empezaron las desilusiones, perras que no se quedaban preñadas, engaños, gasto de dinero en montas, en veterinarios, apostarlo todo en una cruza y que no cuaje, o que luego no salga adelante la camada, gasto en gasoil, tiempo perdido que no le dedicaba a mi familia, enemistades surgidas a través de redes sociales…A veces incluso tener que empezar de cero con más fuerza que antes. Pero sin embargo, la cara positiva de la moneda y aquella que me hace seguir cada día con más fuerza, es el que me llame gente, amigos o conocidos a los que he criado cachorros, y me feliciten por los grandes perros que se han llevado de mi casa.

El Alano para mí, aparte de ser un excelente compañero que me da miles de satisfacciones en cada lance con este ganado tan peliagudo como es el jabalí o el venado, es único por su carácter. Se puede tener con la familia sin ningún problema, con niños pequeños encima de ellos sin ver ni un mal gesto por su parte en ningún momento. Además se puede tener tranquilamente suelto con otros perros sin ningún problema.El Alano, además de morfología, es presa, es un modo de vida, un sentimiento, un querer que posiblemente llegue a la locura. El pasarte todo el día pensando en los alanos, acostarte pensando en ellos y levantarte con ellos en la cabeza, el coger salir al campo y ver cómo trabajan, agarrar un gran jabalí y gracias a ellos poder llegarle.
Un estilo de vida el cual, al igual que mi padre hizo conmigo, le quiero inculcar a mis hijos para que no quede en el olvido.
Esta es mi pasión, mi locura, algo que muy pocas personas entienden.

Flaco favor están haciendo los oportunistas que llegan al alano para ganar dinero, cruzando perra y perro sin ningún criterio acertado, sin importarles la funcionalidad, el tipo, la pureza o la casta.
Pero todo llega a su tiempo…

Raúl Marín de Alanos «Fuente de la Higuera».

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