Historia de una vida con Alanos (parte II) por Alanos de Fresdelval

«Limón» y «Fortuna» y una camada criada en casa

Años más tarde, ya en la adultez, pude por fin dar el paso fundamental para cumplir mi sueño cazador; hacerme con mi propio plantel de perros. Para ello, y cuando se dieron las condiciones idóneas que me lo permitieron, decidí que el primer titular de mi equipo no podía ser otro que la raza que mejor se amoldaba a mi manera de entender la actividad cinegética, el legendario Alano Español. Así, poco a poco, irían llegando los perros; cada nuevo miembro incorporado tras el pertinente estudio y conocimiento de sus cualidades y función específica.

Así decidido, no contemplé mejor forma de encontrar un buen alano que poniéndome en contacto con una persona que para mí ha sido el santo y seña en la época de la restauración de la mítica raza, tras tiempos en los que el perfeccionamiento del arma de fuego y el consecuente encorsetamiento de la montería española relegaron al perro ibérico de agarre a un segundo plano en pro de la eficacia del rifle; y al cual le pregunte en aquel momento si me podía recomendar algún criador que tuviese alanos seleccionados y metidos en caza, ya que no me fiaba de la gran mayoría de criadores que aparecían por el siempre incierto mundillo canino. Y así fue. Me recomendó un criador con el que tuve una buena relación de amistad durante bastantes años, del que surgió mi primer alano en posesión y del que puedo decir que es el dinero más orgullosamente invertido de mi vida; pues resultó gran perro dentro de la rehala de mi cuadrilla, con una afición enorme y valentía sobrada en los agarres, ganándose cumplidamente su sitio en mi casa y en mis recuerdos monteros. Disfrutábamos cada vez que salíamos al monte. Era mi sombra. Allí donde yo iba, él venía conmigo. Con los perros de la rehala se llevaba perfectamente bien, tanto con los podencos como con los otros alanos. Era noble y sabia estar en su sitio. Eso sí, no se dejaba tomar el pelo por ningún otro perro; altivo y orgulloso, mostraba en sus relaciones jerárquicas con sus iguales la misma casta que en el peligro de los lances.

«Tango», protagonista de las líneas anteriores y el mejor Alano que la vida me regaló

El día que llegó su hora aquel alano se despidió en mis propios brazos. Su pérdida fue irreparable, aunque no salió de mi casa ni después de muerto, con el respeto y la congoja que se le debe a los compañeros de fatigas que se van. Ese iba a ser su homenaje por todo lo bueno que me había dado. Así con todo su desaparición no fue en vano, ya que antes de irse dejó descendencia con varias perras; siendo los vástagos de mi buen alano reconocidos y de aclamada calidad por cuantos cazadores los han podido disfrutar, le pese a quien le pueda pesar esta verdad incontestable.

Con el transcurrir del tiempo, fui conociendo más gente en este apasionante mundo del perro y de la caza, sumando alegrías y decepciones, tomando nota de muchas faltas a la hora de realizar una buena selección funcional en muchos casos, lo cual no dejará de ser la eterna lucha de los criadores honrados en la cinofilia española en todos los campos.

Así con todo, sarna con gusto no pica, y con la gasolina que da la afición seguimos a día de hoy en la pelea por la mejora y conservación funcional de las razas patrias. En mi caso procurando que cada generación de alanos españoles que por mis manos pasa sea mejor en la caza de agarre que la anterior.

Los kilómetros siguieron y los gastos también. Y por supuesto el trabajo, la cría y la selección. Siempre intentando mantener viva y depurada al máximo la línea y el encaste; fijándonos muy bien tanto en los atavismos raciales, como en el carácter social y cinegético, así como buscando una morfología apta para la dura labor del monteo y agarre. De este modo, pues el único secreto del éxito es el trabajo duro, fueron viniendo generación tras generación nuevas y funcionales camadas; y con ellas nuevos y más elevados objetivos.

La Higüela toledana que me regalara años atrás mi socio Raúl

Mención pequeña pero no por ello menos especial, a la herramienta aliada del Alano, su salvavidas en ocasiones, así como de toda la jauría y hasta de los propios cazadores; la buena y recia daga o cuchillo de remate. De esta tradicional y utilísima arma blanca, poseo varios ejemplares, pero hay uno que considero mi predilecto; regalo de mi buen amigo Raúl Marín, de Alanos de Fuente de la Higuera. Se trata de una Higüela Toledana; algo fuera de lo común. Un arma contundente y letal superior al resto. Siempre, desde que la poseo, me ha acompañado cada vez que salimos de montería; ya sea en Castilla y León, Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha, en Cantabria o Cataluña, lugares donde he tenido la suerte de poder cazar por el privilegio de contar con tan buenos amigos repartidos por toda España y a los que nos une la misma pasión cinegética. Tal es la afición que he llegado a recorrer unos 1.500 km entre ida y vuelta después de salir del trabajo y sin dormir; conduciendo toda la noche para poder cazar con mis Alanos en excelentes manchas y en todo tipo de cotos.

En tantos años de lances he tenido la oportunidad de ver multitud de perros de todo tipo y condición. Perros a los que sus dueños llamaban Alanos y no dejan de ser cruces diluidos sin más selección que la cercanía de sus padres o el desconocimiento de la selección zootécnica, de la misma forma, aún opuesta, que perros de una gran casta y categoría, tanto funcional como racial. Considero, humildemente, que de la misma manera que puede haber canes desrrazados que pueden cumplir un buen papel en un agarre, eso no los convierte en Alanos Españoles por defecto, así como de la misma forma, no todos aquellos a los que se nombra como Alanos Españoles, dan la talla merecida en el monte para ser no ya dignos portadores del nombre, si no menos aún aptos para transmitir su genética; contaminando estas dos caras de la falsa moneda, el trabajo serio y sacrificado de los buenos criadores, palabra que en el Alano, debe unir indefectiblemente los conocimientos de la selección animal con la palabra cazador.

Resumida mi historia, para cualquiera que la quiera conocer, llego al punto que vivo a día de hoy; en el cual comparto los conocimientos y el trabajo formando sociedad con mi gran amigo Raúl Marín. Con él que tengo el placer y el honor de formar tándem venatorio en esta andadura bloguera, que con estos textos presentamos, y con el que comparto inquietudes sobre esta bendita locura que a los dos nos atrapó tantos años atrás; la caza y los perros. Buenas jornadas en compañía de nuestros canes por la Sierra de Segura, Cazorla y las Villas atestiguan esta alianza y camaradería que nos une en amistad y proyecto. Alaneros y cazadores de ley que en esto seguimos y seguiremos mientras las fuerzas nos permitan seguir los pasos y acudir a las ladras y agarres de nuestros compañeros caninos; le pueda pesar a quien le pueda pesar.
Como comenté y para concluir, los kilómetros hechos en busca de genética se cuenta por miles. Los gastos y el trabajo, también. Pero el placer de tener un buen plantel de cría para seguir mejorando esta raza que nos apasiona, el Alano Español, eso, no tiene precio.

Germán, cazador y alanero del afijo Alanos de Fresdelval.

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