Diferentes tipologías craneales caninas. (parte 1)

el

PicsArt_04-16-06.45.30Queridos lectores, es este un artículo bastante específico sobre un tema muy concreto. En el mismo vamos a intentar ilustrar, pero al mismo tiempo hacer reflexionar, sobre lo que desde Alaneros de Ley pensamos acerca del tipo de cabeza que debe ser la morfo-funcionalmente correcta en el alano español; en base a nuestros años de cría y experiencia con ellos. Asunto este, la conformación cefálica funcional de las razas de presa, que suele generar ríos de tinta entre los aficionados a las mismas. Es por esta razón que vamos a enfocar la cuestión que nos ocupa desde un doble punto de vista:

– El morfológico; que deriva en cabezas braquicéfalas o mesocéfalas, entendiendo la dolicocefalia (típica de otras razas) como algo excluyente en este tipo de perros.

– A su vez, dentro del ámbito morfológico pero al mismo tiempo a parte; analizaremos los pros y los contras que se dan en un tipo de morfología craneal y el resto.

Para diseccionar este particular, hemos de remontarnos necesariamente a la tipología craneal del agriotipo de todas las razas caninas existentes, el lobo gris (Canis lupus); que presenta una estructura cefálica en torno a un 20% mayor a la del perro, si bien más longilínea en líneas generales.
La estructura del cráneo propiamente dicho, forma el stop o intersección con la caña nasal del hocico; encontrándonos en el mismo un ángulo de unos 55 grados en el perro (haciendo media dentro de las variaciones raciales), mientras que en el lobo ronda los 45 grados.

PicsArt_04-16-02.36.09Esto es debido a la propia selección natural que tiende a favorecer el perfil aerodinámico en las especies cursoriales (esto es, diseñadas para la marcha o el galope) como es el caso del lobo – y otros cánidos -; depredador adaptado a la persecución de sus presas en carreras de fondo y en las que es indispensable, aparte de unas potentes mandíbulas, un óptimo sistema de refrigeración. Es por ello, que si quisiéramos incluir al lobo dentro de la clasificación tradicional de las razas caninas en base a su morfología craneal, debería incluirse de pleno en la división que de él mismo toma el nombre, la de las razas lupoides; es decir, similares al lobo: cabeza triangular, hocico proporcionado o ligeramente superior en longitud al cráneo y stop o depresión fronto-nasal poco acentuada, con belfos secos y bien acoplados al maxilar. Podríamos incluir a modo de ejemplo las razas de características más lupinas como pueden ser las nórdicas y de tipo spitz, los podencos o los perros pastores.
Partiendo de esta base, con el transcurrir de los siglos de selección nos acercamos al perro doméstico propiamente dicho (Canis lupus familiaris); siendo aquí donde comienza a tomar complejidad el asunto que nos ocupa. Es por ello que, en primer lugar, vamos a remarcar los conceptos básicos: como hemos comentado, en general, el volumen craneal del perro es, aproximadamente, un 20% menor que el del lobo. Esto nos indica claramente que como resultado de la selección dirigida que el ser humano llevó a cabo sobre el primitivo can se dio un significativo acortamiento del hocico entre otras características neotécnicas – tecnicismo biológico referido al mantenimiento en la adultez de características infantiles dentro de una especie -; lo que conllevó un amontonamiento de las piezas dentales en un menor espacio, especialmente los premolares. El resultado lógico de este proceso de mutación selectiva inherente a la domesticación fue una ostensible reducción en el tamaño de la dentadura, tanto de los caninos como de las muelas carniceras con respecto al ancestro salvaje.

PicsArt_04-16-07.03.23

Según Bököny (1975), también se produjeron cambios en el paladar y el maxilar; cuyo acortamiento, además del mencionado 20% en la línea de los premolares, tiene lugar entre un 5 y un 10% en la línea de los molares. Siguiendo este estudio, se hace patente que el proceso domesticador hizo que, progresivamente, los premolares perdieran en el perro la especialización que habían adquirido durante el transcurso de la evolución del lobo en estado silvestre.
Hechas estas diferenciaciones, vamos a explicar lo que debemos de entender cuando hablamos de tipología craneal. En primer lugar y por concretar, este concepto morfológico nos sirve para poder calcular el índice cefálico del perro; el cual, según Harcourt (1974) se establece en base a la proporción entre la anchura de las arcadas zigomáticas y la distancia máxima del cráneo, con lo que, dependiendo del resultado obtenido, podemos clasificar a los perros en tres tipologías craneales básicas:

– Braquicéfalos: tipos raciales de hocico chato, de cabezas más anchas que largas (molosos de presa, terriers de tipo bull).

– Dolicocéfalos: tipos raciales de hocico largo. Predominio de cabezas más largas en relación a su anchura (lebreles).

– Mesocéfalos: tipos raciales con proporción equilibrada entre la longitud del cráneo y su anchura. Numerosas castas y razas de diversas familias raciales podrían clasificarse aquí.

A su vez, Méguin (1897) referenciando la morfología craneal divide los perros en 4 grupos:

– Lupoides: caracterizados por poseer cabezas con formas triangulares con hocicos más o menos largos, depresiones fronto-nasales no muy acentuadas y orejas de inserción alta; de belfo seco y recogido. Realmente muy poco alejadas de la tipología craneal del lobo (primitivos, pastores).

PicsArt_04-16-05.24.32

– Graioides: caracterizados por una cabeza muy estirada de tipo dolicocéfalo; cráneo pequeño con hocico largo, delgado y recto en dirección a la frente y bien alineado con la misma. De belfos secos y apretados y cuya trufa puede ser saliente por delante de la línea de los incisivos (lebreles).

– Molosoides: perros de gran cabeza cuboide, hocico corto y con belfos gruesos y largos (molosos, terriers de tipo bull).

– Bracoides: individuos de cabeza con forma de prisma, hocico rectangular, stop pronunciado y belfos largos y colgantes (perros de muestra).

PicsArt_04-16-08.00.32

A partir pues de estas nomenclaturas, podemos más o menos, situar a las diferentes razas caninas en su casillero correspondiente aunque atendiendo a la existencia de numerosos tipos intermedios que no hacen sencilla una clasificación cerrada.
Atendiendo, pues al aspecto meso-braquicéfalo de nuestro alano – o así lo entendemos desde Alaneros de Ley – podemos comprender las contras que originan estas estructuras en los perros y más aún en un animal que, por ende, entendemos que ha de ser corredor y galopador; con la suficiencia respiratoria necesaria que le permita llegar en perfectas condiciones a los lances sin el detrimento de un sobrecalentamiento corporal que mermaría las portentosas cualidades de estos perros.

Así pues, la braquicefalia origina, si se selecciona en extremo y sin tener en cuenta una armonización de caracteres para compensar la mayor masa craneal que proporciona, una tendencia a los hocicos achatados que puede generar una serie de inconvenientes; tanto físicos como puramente cinegéticos:

– El riego sanguíneo y la refrigeración del cerebro.

– La posición frontal de los ojos y lo que origina en perros de caza, ya que un perro de estas características debería tener los ojos en posición más oblicua, lo que hace que abarque más ángulo de visión.

– La disposición de los dientes por el crecimiento maxilar y sus consecuencias.

PicsArt_04-16-01.36.16
Bulldog inglés. Raza braquicéfala.

Según el estudio publicado en el año 2015 por Schmidt junto a otros investigadores realizado sobre perros con estructura braquicéfala, sus ventrículos cerebrales eran más grandes de lo normal en relación a otras estructuras craneales, lo que originaba una sobrepresión en el cerebro; debido, precisamente, a esta disminución del espacio craneal, lo cual conlleva a una menor cantidad de materia blanca necesaria para el buen funcionamiento del cerebro. La consecuencia inmediata de esta anomalía es una merma de las diferentes funciones que coordina el cerebro canino, ya que, como bien sabemos, el correcto funcionamiento del órgano piloto se basa en el número de conexiones neuronales. Pero si este número es inferior al necesario, debido a la menor cantidad de materia blanca, las capacidades del animal se verán forzosamente reducidas.
Otro de los grandes problemas que genera una selección hipertrófica de este tipo craneal en el perro es el Síndrome braquiocefálico, el cual da lugar a una estenosis de las fosas nasales originando insuficiencia aeróbica derivada del estrechamiento excesivo de los canales respiratorios.
El siguiente punto que nos ocupa es la problemática originada en la mordida por la estructura achatada del hocico a la que tiende esta tipología craneal.

PicsArt_04-16-05.35.12A modo de introducción, revisamos a continuación los diferentes tipos de mordida que, en líneas generales, podemos encontrar en las distintas razas caninas:

Enognatismo: posición dental en la que las piezas superiores se encuentran sobre las inferiores ligeramente separadas debido a un acortamiento de la mandíbula inferior. Es una característica congénita que origina problemas en la cavidad bucal, lo cual deriva de la dificultad de masticar y tragar los alimentos debido a la irregularidad que produce este defecto en la boca en general por no encajar naturalmente las piezas dentales.

– Mordida en tenaza o pinza: Es aquella en la que se quedan montados unos sobre otros los incisivos superiores sobre los inferiores.
El mayor problema que origina esta mordida el acusado desgaste de los incisivos debido al continuo rozamiento que se produce entre ellos. No es una mordida perfecta tampoco.

– Mordida en tijera: es la correcta y agriotípica mordida de la especie (Canis lupus incluido el perro como subespecie C. lupus familiaris). En ella, la cara interna de los incisivos superiores entra en contacto con la cara externa de los incisivos inferiores. En teoría debiera de ser una mordida cuasi perfecta, ya que es esta la que se encuentra en la naturaleza salvaje; siendo la que presenta a nuestro amigo el lobo, el resto de miembros de la familia canidae y el Orden taxonómico de los carnívoros por extensión.

– Mordida en tijera invertida y prognatismo:
La tijera invertida es igual de efectiva que la anterior. Aquí los incisivos superiores están en contacto con los inferiores a través de su cara externa, mientras que los inferiores lo hacen a través de su cara interna.

Si no se produce dicho contacto y la separación entre dichas piezas bucales es significativa, nos encontramos con el llamado prognatismo; el cual puede obedecer a una serie de factores extrínsecos a los propios perros, como puede ser una mala o defectuosa alimentación en la que no se proporciona una cantidad óptima y necesaria de vitaminas al animal. A su vez, pueden intervenir problemas con la asimilación del calcio, el cual está directamente relacionado con la estructura ósea del can y puede generar una mala formación de la zona mandibular. Además de todo esto, al sufrirse un acortamiento de la cara, se recorta también el maxilar superior y como consecuencia, la zona alta del paladar, la cual mantiene sus distancias originales, pasa a otra zona que si que se ha acortado, la epiglotis, llegando hasta la laringe y tapándola, e impidiendo así una entrada de aire normal por la tráquea hacia los pulmones.
Cuando esto sucede, son más que evidentes los efectos desastrosos en el perro.

PicsArt_04-16-05.38.13
Cabezas con prognatismo. La de la derecha es mucho más severo.

Otra causa común y que posiblemente sea la más significativa de todas es la congénita. Se cree que el prognatismo atiende a la recesividad de los genes que lo provocan; lo cual se muestra en una segunda generación filial. Es decir, si se produce un cruzamiento de perros homocigóticos no portadores del alelo recesivo con individuos prognáticos – recesivos y portadores del alelo recesivo – la descendencia originada será toda de individuos no prognáticos pero ya portadores del alelo recesivo que implicaría la manifestación del prognatismo mandibular. Al quedar tapado el gen recesivo en la primera generación, tendríamos una camada del 100% de cachorros heterocigóticos portadores de este gen recesivo. A su vez, si cruzamos dos individuos de esta misma conformación genética aparecerá, según Méndel, un 25% de cachorros prognáticos y un 50% de cachorros heterocigóticos portadores; quedando el otro 25% de cachorros homocigóticos sin prognatismo.

De aquí el problema fundamental de una concienzuda elección de reproductores ya que, tarde o temprano, aparecerá un recesivo en la camada a no ser que implantemos un sistema de cría y selección largo, duro y laborioso; trayendo una laxa política de cría en este aspecto todo tipo de problemas en la conformación mandibular de nuestros canes, tanto por exceso como por defecto; ya que la mordida en tijera puede ocasionar unos hocicos menos anchos y más alargados, algo que tampoco es deseable funcionalmente en un perro de agarre como es nuestro magnífico alano español. Es por ello que la conformación craneal y mandibular presenta un plus de complicación y especialización a la hora de criar perros de presa; y por lo cual queremos y debemos hacer hincapié en este sentido. Es también por ello, queridos lectores, que volveremos a tratar y ampliar el estudio y exposición este trascendental asunto en una entrada posterior.

Alanos y Alaneros de Ley

Deja un comentario